Junio 2017. Volumen 13. Número 2

¿Es el baby-led weaning un patrón recomendable?

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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CA | Comentario Asociado

Autor: Leis Trabazo R1.
1Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario de Santiago. CiberObn. Santiago de Compostela. Grupo de Trabajo en Nutrición Pediátrica de la SEGHNP. España.
Correspondencia: Rosaura Leis Trabazo. Correo electrónico: mariarosaura.leis@usc.es
Fecha de publicación: 05/04/2017

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Autor: Leis Trabazo R1.
1Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Clínico Universitario de Santiago. CiberObn. Santiago de Compostela. Grupo de Trabajo en Nutrición Pediátrica de la SEGHNP. España.
Correspondencia: Rosaura Leis Trabazo. Correo electrónico: mariarosaura.leis@usc.es
Fecha de publicación: 05/04/2017

En los últimos años se han multiplicado las investigaciones que ponen en evidencia el importante papel de la alimentación en los primeros mil días, incluyendo al feto y, por tanto, la alimentación de la mujer gestante, en la salud del niño a corto, medio y largo plazo. El tipo y forma de alimentación a lo largo de este periodo van a estar determinados fundamentalmente por el desarrollo y maduración del aparato digestivo, renal y del sistema nervioso central, y parece condicionar la alimentación en edades posteriores. Un momento crítico de este periodo es el destete o introducción de la alimentación complementaria, necesaria para cubrir los requerimientos nutricionales a partir de los 6 meses de vida, si bien la leche, en especial la materna, continúa siendo el alimento principal1.

Tradicionalmente la introducción de alimentos en la dieta del lactante se realiza progresivamente, dejando un intervalo de tiempo entre alimento y alimento, y en textura puré1. Sin embargo, desde que la Organización Mundial de la Salud en 2002 propuso retrasar este momento desde los cuatro a seis meses a los seis meses, hay una tendencia creciente a que el niño se autoalimente de la dieta familiar, baby-led weaning (BLW). Son los padres los que les proporcionan el alimento, pero son los niños los que deciden qué comen, cuánto y a qué velocidad. Así, la filosofía de "comer con los dedos" considera a los purés y comer con cuchara conductas obsoletas2,3.

Estudios recientes demuestran que el BLW se adopta con más frecuencia entre mujeres que amamantan, de nivel educacional más elevado y aquellas que no se incorporan al trabajo fuera del hogar antes de los 12 meses posparto. Además, parece ser un fuerte predictor del destete a la edad recomendada. Los padres que siguen el BLW lo perciben como más saludable, más barato y que hace al niño más feliz. Sin embargo, muchos profesionales de la salud, si bien consideran que podría tener beneficios, como facilitar la autorregulación de la ingesta energética, la mejor aceptación de nuevos alimentos, ya que parece relacionarse con más tiempo de lactancia materna y por tanto exposición a mayor diversidad de sabores, y menor riesgo de desarrollo de obesidad y sus comorbilidades en el niño y en el adulto, creen que hay un mayor riesgo de asfixia y de aporte inadecuado de energía y micronutrientes, en especial del hierro. Se observa también diferencias en el tipo de alimentos consumidos mediante uno y otro método. La alimentación con purés y cuchara supone un mayor consumo de cereales, enriquecidos en micronutrientes, disminuyendo el riesgo de déficits nutricionales. Es de destacar que este se vería incrementado en niños con necesidades especiales (prematuros, comedores caprichosos, retraso en la maduración, patologías, etc.)2-5.

Por otra parte, la reducción del riesgo de asfixia antropológicamente se busca con la premasticación de los alimentos previa al consumo por el lactante2. Lo que sí parece claro es que el BLW estricto no puede ser puesto en práctica antes de los seis meses, ya que precisa que el lactante pueda mantenerse sentado sin ayuda, agarre los alimentos con la mano y los lleve a la boca y realice los movimientos orales necesarios para su troceado e ingestión. Aun así, hay determinados alimentos que, por su dureza, no deben ser ofertados y la familia tendría que hacer una dieta saludable para que el lactante la pudiera compartir con ellos. Son muchas las cuestiones pendientes todavía y se necesitan estudios bien diseñados, aleatorizados y con muestra suficiente3.

El artículo “La alimentación complementaria a demanda con soporte parental educativo no incrementa el riesgo de sofocación”6 de Evidencias en Pediatría, que evalúa el riesgo de asfixia y náusea en niños con baby-led introduction to solids (BLISS) es un ensayo aleatorizado y controlado en 206 niños sanos. Destaca el importante número de alimentos ofertados con riesgo de producir asfixia tanto en el grupo de purés como en el de BLISS. Los niños con BLISS con asesoramiento a los padres de cómo minimizar el riesgo de asfixia no presentan más episodios que los alimentados con técnicas tradicionales. Por todo ello, si bien son necesarios más estudios, la alimentación con los dedos, a partir de los seis meses, sin que el alimento sea colocado en la boca del niño, con este en una adecuada posición (sentado, con la espalda recta), bajo la vigilancia y control de un adulto y con adiestramiento de la familia en qué alimentos no deben ser ofertados, podría permitir disponer de las posibles ventajas de esta técnica sin aumentar el riesgo de sofocación.

Cómo citar este artículo

Leis Trabazo R. ¿Es el baby-led weaning un patrón recomendable? Evid Pediatr. 2017;13:27.

Bibliografía

 

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05/04/2017

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